martes, 9 de junio de 2009

EL Ciervo como emblema de Cristo


El ciervo es uno de los animales simbólicos que fueron aceptados de manera más segura desde los primeros tiempos como imagen alegórica de Jesucristo y del cristianismo, su discípulo.

Las referencias antiguas sobre el ciervo nos presentan a este animal como particular e implacable enemigo de todas las serpientes, a las que persigue en su odio hasta bajo tierra. Las opiniones de los naturalistas y poetas antiguos -Plinio, Teofrasco, Jenofonte, Lucrecio y tantos otros- alimentaron la exégesis cristiana. Los valiosos escritos derivados del Physiologus -Bestiarios- aplaudieron este simbolismo atribuido al ciervo, y lo aceptaron unánimemente:

"El ciervo es un animal con gran sentido... de tal modo que, si encuentra una serpiente en un agujero, va y se llena de agua la boca y la derrama allá donde se encuentra escondida la serpiente, y toma entonces a la serpiente mediante el espíritu que el ciervo tiene en su boca, y la saca fuera, y la pisotea y la mata. Y así, cuando nuestro Señor Jesucristo ve al diablo habitando en la nación humana, derrama en nosotros la fuente de la sabiduría..."

Por otro lado, las primeras palabras del Salmo XLII impusieron al antiguo simbolismo cristiano la imagen del ciervo como emblema del alma fiel que aspira a Dios: "Así como el ciervo sediento desea las fuentes de agua, así suspira mi alma por ti, oh Dios mío. ¡Mi alma tiene sed del Dios vivo!


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